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2022. Argentina, tierra de crisis (y de oportunidades)





Nuestro país se caracteriza por repetir ciertos patrones de desarrollo desde la década de los 50s.


Estos patrones se conjugan en procesos de desarrollo industrial de ciclos cortos, denominados “Stop & Go”, cuya característica principal es el estrangulamiento de la producción de bienes y servicios por falta de divisas, lo que lleva a un final de ciclo por la dinámica propia del modelo mismo.

 

A partir de los 70s, con la apertura comercial y financiera, acompañada de endeudamiento externo, dejamos de vivir el “Stop & Go” y comenzamos a experimentar el “Stop & Crush”.

La diferencia entre estos dos procesos radica en como termina impactando la falta de divisas. En el primero, genera una caída de la actividad económica, mientras que, en el segundo, las consecuencias son devaluación, restricciones cambiarias y recesión.

 

Cuando sucede esto, siempre aparece una figura harto conocida y denominada “proceso de sustitución de importaciones”.
Este proceso, bien lo indica su nombre, consiste en sustituir importaciones, tanto de bienes como de servicios, por aquellos de origen local. 

 

Si bien, inicialmente, esto puede parecer positivo para los productores locales, la ineficiencia de mercado que puede generar tiene efectos negativos a nivel macro sobre precio, cantidad y calidad de los bienes-servicios que se ofrecen localmente, consecuencia directa del fin de la competencia con el sector externo. 

 

Aparece, entonces, lo que en economía se define como “excedente del consumidor” (efecto perjudicial que impacta sobre el consumidor por aumento de precios y reducción de cantidades resultantes disponibles en el mercado local).

 


 

Todo indica que el contexto actual nos vuelve a ubicar dentro de un periodo de restricciones externas, tanto por precios (devaluaciones) como por cantidades/acceso (por cupos/cepos).

 

Como en todos los aspectos de la vida, debemos focalizarnos en ver la parte llena del vaso y trabajar en identificar qué oportunidades le da a nuestra industria esta coyuntura.

 

Desde los años 80s, la tecnología nos transformó por completo y, hace tiempo, somos un sector basado en el uso de la tecnología. Desde la aparición de internet y del e-mail, podemos exportar servicios de forma sencilla, más allá de tributos que puedan imponerse.

 

Sin ir más lejos, la empresa que dirijo es la continuación de lo que era el reconocido y tan bien considerado Estudio Babino-Volkis, que comenzó sus actividades a principios de 1986. 

 

Si bien el origen del Estudio no estuvo relacionado con la sustitución de importaciones de aquellos años, desde sus inicios, fue pionero en el desarrollo de herramientas informáticas para la industria de la investigación de mercado y opinión pública.

 

Desde ese momento hasta hoy, esto lo posicionó como una alternativa a onerosas licencias externas que exigen pagos en divisas al exterior, con lo que esto significa en Argentina durante cada crisis cambiaria.

 

Nuestro antecedente nos muestra la importancia del desarrollo tecnológico permanente, para estar lo más cerca posible de la frontera tecnológica que permita maximizar la productividad total de nuestros factores.

 

 

Esta experiencia es un claro ejemplo de que el desafío de hoy radica en comenzar desde adentro de nuestras empresas. La protección al mercado local que conforma la existencia de restricciones externas (devaluación / cupos / cepos) abre un nuevo y más ventajoso espacio para competir.

 

La oportunidad que se nos presenta, una vez más, debería funcionar como incentivo para focalizarnos en mejorar y hacer más eficiente nuestros procesos, herramientas, buscando innovar en todo aquello que impacte y resulte en una mayor eficiencia (calidad y precio).

Una forma de lograrlo, es abrirse a los desafíos del cambio. 

Cambio de modelos obsoletos, de procesos, de sistemas, de tecnologías, de proveedores. Entramar nuevos ecosistemas compuestos por agentes que estén en esta misma línea y, así, generar un desarrollo productivo que se retroalimente endógenamente con esta nueva dinámica.

 

Disfrutar, de forma temporal, de las ventajas del cierre y protección de la industria nacional debido a un marco coyuntural es desaprovechar las condiciones que se nos presentan. 

 

Ser parte de la economía del conocimiento expande nuestro mercado a nivel global, siempre y cuando, estemos a la altura de la competencia internacional.

 

 

Es importante entender que éstos son los momentos en donde los agentes económicos locales pueden tomar una bocanada de aire para avanzar sobre la idea de repensar en cómo hacer más eficiente su producción, para no sólo sustituir importaciones, sino también, comenzar a competir en el exterior y lograr ser exportador neto.

 

De esta forma, podremos cambiar un modelo de desarrollo que siempre se queda sin nafta a mitad de camino, sin sentar las bases para generar de forma consistente el ingreso permanente de divisas necesarias para sostener nuestra matriz productiva.

 

El planeta está patas para arriba, con eventos extraordinarios, un mundo de cosas por investigar. Evitemos poner palos en la rueda y busquemos lograr una industria argentina competitiva, sólida, eficiente desde todo punto de vista. Busquemos dónde están nuestros cuellos de botella, nuestras fricciones, y demos las soluciones que la coyuntura nos demanda. 

 

Aprovechemos las oportunidades que un nuevo contexto de crisis macro nos vuelve a presentar.



Gustavo Milman
Lic. en Economía
Socio-Gerente
SMR | Informática para la Investigación de Mercado

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